Andrew Murray – Esperando En Dios

Solamente en Dios descansa mi alma; de El viene mi salvación. (Salmo 62:1)

Si la salvación viene verdaderamente de Dios, y es enteramente obra suya, como fue nuestra creación, resulta, de modo natural, que nuestro principal deber es esperar en El para que haga la obra como a Él le agrade. El esperar pasa a ser el único camino para llegar a la experiencia de la plena salvación, el único camino, en realidad, de conocer a Dios como el Dios de nuestra salvación.

Todas las dificultades que se pueden esperar, impidiéndonos la plena salvación, tienen su origen en esto: el conocimiento y la práctica deficientes de esperar en Dios. Todo lo que la Iglesia y sus miembros necesitan para la manifestación del gran poder de Dios en el mundo es regresar a nuestro lugar debido, el lugar que nos corresponde, lo mismo en la creación que en la redención, el lugar de una dependencia absoluta e incesante en Dios. Esforcémonos por ver cuáles son los elementos que hacen esta espera en Dios bendita y necesaria. Puede sernos de ayuda para descubrir las razones por las que la gracia es tan poco cultivada, y sentir lo infinitamente deseable que es que la Iglesia, y nosotros mismos, descubramos este bendito secreto a cualquier precio.

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Andrew Murray – En Busca de la Vida Victoriosa

Si estás cansado de las luchas diarias y quieres conocer la victoria y el reposo en tu vida, tú necesitas leer éste libro. En busca de la vida victoriosa, es una obra clásica, escrita por Andrew Murray alrededor de un siglo atrás.

La misma tibieza y carnalidad que Murray enfrentó entonces la encontramos en la Iglesia hoy, El autor, en una forma devocional poderosa, lo que ha hecho que sus escritos sean recibidos ampliamente, ha desarrollado trece capítulos sobre el secreto de la victoria espiritual a través de Cristo morando en el cristiano, Los temas presentados en esta obra Son : el yo, esperando en Dios, reposo espiritual, entrega total, Unión con Cristo y el poder en la oración.

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Andrew Murray – Se Perfecto

Perfección, como el más alto objetivo de lo que Dios en su gran poder de hacer por nosotros, es algo tan divino, espiritual y celestial, que es sólo el alma y que el rendimiento en sí muy tiernamente al líderazgo del Espíritu Santo que puede esperar conocer su bienaventuranza.

Dios ha trabajado en cada corazón humano un deseo profundo de la perfección. Ese deseo se manifiesta en la admiración que todos los hombres tienen de la excelencia en los distintos objetos o actividades a las que concedemos valor. El creyente que se rinde a sí mismo en su totalidad a Dios, este deseo se sujeta a las promesas maravillosas de Dios, e inspira una oración como la de M’Cheyne: “Señor, hazme como santo pecador perdonado.” Cuanto más aprendamos a este deseo de la plena conformidad a la voluntad de Dios, por la conciencia que siempre agradable a Él, veremos que todo esto debe venir como un regalo directo del cielo. Este regalo es la plenitud en nosotros de la vida de Dios, el Espíritu Santo de Jesús en los que están totalmente rendido a su morada. Confiando cada vez menos en los hombres, los pensamientos y enseñanzas, que se jubilará a menudo en el secreto de la presencia de Dios, en la garantía de que los más vemos el rostro de Dios, y escuchar la voz secreta que viene directamente de él, “ser perfecto”, el Espíritu Santo habita en nosotros el despliegue celestial plenitud y el poder de las palabras, y hacer que, como las palabras de Dios, y que dar y crear precisamente lo que habla. Con la esperanza de que estas meditaciones sencillas puedan ayudar a algunos de los hijos de Dios para ir a la perfección, entrego las mismas a la bendicion Del padre celestial.

Andrew Murray

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By Maranatha

Andrew Murray – Humildad, la belleza de la santidad

Si Jesús debe realmente ser ejemplo en Su humildad, necesitamos entender los principios en que eso es basado y en los cuáles encontramos el terreno común en lo cual andamos con Él, y por lo tanto, nuestra semejanza a Él debe ser alcanzada. Si debemos realmente ser humildes, no solamente delante de Dios, pero también delante de los hombres, si la humildad debe ser nuestra alegría, tenemos que ver que ella no es sólo la marca de la vergüenza causa del pecado, pero, independientemente de todo pecado, humildad es estar revestido con la propia belleza y bienaventuranza del cielo y de Jesús.
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